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Espasmos de Sollozo
Los espasmos del sollozo no son episodios graves pero para los padres constituyen un problema alarmante y una experiencia muy desagradable porque el bebé o el niño se convierte "azul" o muy "pálido" y parece no reaccionar ante estímulos aparentemente enérgicos. La forma más frecuente es la de tipo cianótico (el niño se convierte azul) que se presenta entre los 6 meses y los 2-3 años (aunque se han descrito a la edad de 2 meses). Existe otra forma menos frecuente y más grave, denominada de tipo pálido.

Esta forma se inicia entre los 12 y los 24 meses de edad, y finaliza entre los 4 y 6 años. No se conocen bien las causas, pero existen unos factores predisponentes, como son niños caprichosos, súper protegidos por un entorno familiar en el que consiguen imponer su voluntad sobre todo cuando en la familia han vivido previamente la experiencia de un espasmo del sollozo lo que crea una enorme ansiedad ante una eventual repetición.

En los espasmos de sollozo simples o tipo azul, los más frecuentes, tras el episodio de llanto, hay una pausa de silencio, el niño deja de respirar, se convierte de color azul o morado (cianótico). La crisis se resuelve de forma espontánea tras una inspiración profunda y la recuperación es rápida, aunque después se queda dormido o "atontado" debido a la falta de oxigenación en el cerebro.

Habitualmente no hay pérdida de conciencia a no ser que el episodio se prolongue. Las características de los episodios, sobre todo la existencia de llanto, contrariedad o provocación previas al cese de la respiración y al desencadenamiento de las crisis, ayudarán al pediatra a establecer al diagnóstico. En los raros casos en los que el niño pierde la conciencia y/o convulsione el pediatra indicará una analítica completa, una radiografía de tórax, un electrocardiograma y un electroencefalograma. Si los resultados son normales, como es habitual, el tratamiento consiste en tranquilizar a la familia mediante una información adecuada. El tratamiento se basa en una adecuada información a los padres, colaborando en el apoyo psicológico a la familia y ayudándoles a la realización de cambios en las estrategias educativas.

Es importante, además, tranquilizar sobre la evolución favorable y del pronóstico benigno ya que no existe amenaza de muerte a pesar de la aparatosidad y espectacularidad de las crisis en algunos casos. Cuando se produce una crisis, es recomendable colocar al niño de lado para proteger la cabeza de posibles lesiones y evitar que el niño aspire alimentos sobre todo si ha comido recientemente. Generalmente el niño reanuda rápida y espontáneamente el llanto y la respiración, y recupera el color, por lo que no hay que hacer nada especial en estas situaciones. Sin embargo, aunque es difícil no perder la calma, debemos intentar mantenerla. Es normal que: Utilice el llanto para conseguir lo que quiere. Se quede sin respirar unos segundos. Acudir al pediatra si: El episodio se acompaña de convulsión y/o pérdida de conciencia.



 
 
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