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Epistaxis
Hemorragias nasales. Vasos sanguíneos de la nariz (arterias y venas). Ocurre cerca de las ventanas nasales o en el interior de la nariz. Todas las edades, el doble en los niños. La epistaxis puede ser causada por un traumatismo, irritación o resequedad del revestimiento de la nariz, rinitis alérgica, resfriados o sinusitis. Otras causas pueden ser la obstrucción nasal como en el caso de un tabique desviado u objetos extraños en la nariz. En la mayoría de los casos la epistaxis comienza en el tabique, el cartílago vertical que separa las cámaras nasales y está revestido de vasos sanguíneos frágiles. Esta forma de epistaxis no es grave y suele ser fácil de detener. Se debe buscar ayuda médica si el sangrado persiste después de 15 a 20 minutos del tratamiento, si hay recurrencia de la epistaxis, si la sangre drena persistentemente hacia la garganta o si se sospecha una lesión seria en el cuello o la cabeza.
Entre los síntomas, encontramos: Salida de sangre por los orificios nasales (Si la hemorragia empieza cerca de las aletas, la sangre es de un rojo brillante / Si viene de más adentro, la sangre puede ser brillante u oscura), Mareo por la pérdida de sangre o la impresión, Taquicardia, jadeos y palidez (sólo después de una hemorragia copiosa) y Heces negras por la sangre tragada. Entre las medidas generales que se deben tener a la hora de una hemorragia nasal: Siéntese e incline la cabeza hacia delante, Apriétese la nariz con los dedos durante 5 minutos seguidos. Mientras, respire por la boca, Si deja de sangrar pero vuelve a empezar, hágalo de nuevo, pero apriétese fuerte ambos lados de la nariz durante 8 a 10 minutos. Al apretarse la nariz con fuerza, ayudará a que la sangre se coagule y selle los vasos sanguíneos afectados. Al mismo tiempo, puede aplicarse compresas frías. No se suene durante 12 horas después de la hemorragia, para evitar que el coágulo se desplace. No trague sangre. Puede afectar a su estómago o provocarle arcadas. No hable (le evitará las arcadas). Si la hemorragia es muy abundante, puede ser necesaria una transfusión. Los síntomas pueden ser controlados mediante tratamiento. Las hemorragias severas obligan a la hospitalización y suelen tener origen en causas como afecciones hepáticas, de la sangre o hipertensión. En estos casos, la causa subyacente también debe ser tratada. |
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