-. Incorporar a la dieta alimentos con gran contenido en agua como frutas y verduras frescas.
-. Evitar los refrescos azucarados, el alcohol y los alimentos preparados porque son autenticas bombas calóricos.
-. Procurar dividir la ingesta diaria en cinco comidas: un desayuno, un almuerzo y una cena muy ligera, con una merienda suave a media mañana y otra a media tarde.
-. Olvidarse de las frituras y optar por alimentos preparados a la plancha y al vapor.