Muchas veces nos miramos al espejo y encontramos un detalle que no nos agrada. Por eso, algunos recurren a la cirugía para eliminar los defectos. Ahora bien, existen otros que se miran al espejo y encuentran que todo su físico está mal, por lo que hacen de la cirugía estética una forma de vida.
Cuando la imagen física cobra una importancia exagerada, la persona sufre de un trastorno conocido como dismorfobia. El sujeto no sólo encuentra los defectos sino que llega un punto en el que los fabrica. En este sentido, no importa que esté bien, ya que siempre se considerara que su apariencia está mal.
El problema puede llegar a afectar sus relaciones interpersonales. Quienes sufren de este trastorno pueden llegar a evitar el contacto social porque su "fealdad" les genera un temor por el rechazo.
Por lo general, la preocupación se centra en aspectos faciales como la nariz, dientes, ojos, orejas; como también en los senos, glúteos y abdomen. Y, si se piensa que sólo afecta a las mujeres, algunos estudios señalan que también está afectando a los hombres.
Si bien el apoyo familiar es clave para superar la dismorfobia, cuando se trata de casos graves lo ideal es acudir con algún especialista, ya que las operaciones no terminarán con la obsesión de la persona.