El reflujo esofágico comprende el vomito moderado de alimentos que se devuelven desde es estomago hacia la boca. Es muy común en niños recién nacidos y desaparece entre los 12 y 18 meses de edad, pero es una realidad que llega a preocupar a los padres.
Un 75% de los niños de 4 meses presenta problemas de este tipo, sin embargo, debido a las características anatómicas del esófago de los bebés, este proceso puede considerarse generalmente normal a nivel funcional y sin ninguna complicación grave asociada.
Es reflujo gastroesofágico puede combatirse con la incorporación de leches antirreflujo en la alimentación del infante, las cuales contienen espesantes y proteínas modificadas para facilitar el proceso de vaciamiento gástrico. De igual forma, colocar al niño de forma lateral durante el descanso puede ser beneficioso para el proceso gástrico en este sentido.
Si la frecuencia es muy repetida, los ácidos del estomago pueden dañar el esófago, generando la presencia de la enfermedad por reflujo gastroesofágico, causando que el niño rechace los alimentos y estanque su peso, complicando la nutrición. Ante esto, se hace necesario el seguimiento médico y la incorporación de un tratamiento adecuado.