Según científicos de la Universidad de Alabama en Estados Unidos, el comer ajo mejora la circulación, estimula la producción de un compuesto que dilataría los vasos sanguíneos, incrementaría el flujo de la sangre y disminuiría el daño por oxidación. Su secreto radica en compuestos orgánicos como la alicina, que en el cuerpo desarrollan el sulfuro de hidrógeno (H2S) que mejora el funcionamiento cardiovascular.
El ajo regula la presión arterial, por su contenido de alicina, adenocina y ajoino, que poseen propiedades anticoagulantes y ayudarían a regular el nivel de colesterol en la sangre.
También posee propiedades antiinflamatorias y muchos médicos recomiendan usarlo como coadyuvante al tratamiento médico, tomando un diente de ajo todos los días.
Sin embargo se aconseja consultar al médico antes de utilizarlo con fines medicinales puesto que no reemplaza ningún tratamiento, además aunque es producto salido de la naturaleza, debe consumirse con cuidado pues pudiera causar alergias, afectar a quienes tienen problemas de coagulación o provocar bajas de tensión si se consume en exceso.