"La vida es agua, sin agua no hay vida". La sed, es la sequedad de las mucosas y de la piel, sensación de ardor y acidez gástrica, y si es más grave, puede tener los ojos hundidos, pulso acelerado, descenso de la tensión arterial, fiebre, retención de líquidos (por lo que algunos órganos, como los riñones, comienzan a fallar, pudiéndose llegar al colapso y la muerte) son algunos de los síntomas de la deshidratación.
Tome agua no sólo para calmar la sed
En la Pág. web www.revista.consumer.es reseñan las siguientes indicaciones para mantenerse hidratado:
-Beba de 1,5 a 2 litros diarios de agua, y si es verano y practique ejercicio, ingiera un aporte extra de líquido sin esperar a que la sed le avise.
-Mantener dietas ricas en grasas y proteínas, pero que contengan más líquido para eliminar sus restos metabólicos.
-El calor, la humedad y el ejercicio físico aumentan notablemente los requerimientos de agua de nuestro organismo.
-Quienes padecen cálculos de riñón, arenillas o infecciones urinarias deben beber más líquido.
-Café, alcohol, té y otras bebidas similares son diuréticos e incrementan la eliminación de líquido por la orina.
-Infecciones, fiebre, vómitos y diarrea ocasionan una rápida pérdida de líquidos, a la que los ancianos y niños son más sensibles, que hay que reponer de inmediato. Un preparado o suero casero (agua con una pizca de bicarbonato y unas gotas de limón y azúcar) ayudarán a restituir de inmediato el líquido necesario.
NOTA: El envejecimiento va asociado a la deshidratación, a la pérdida de agua, que afecta a todos los tejidos del organismo, pero especialmente a la piel. Una óptima hidratación desde la infancia ayuda a mantener una piel joven.